
Imagen: EFE
Más de 5,000 personas se dieron cita en el Palau Saint Jordi, en Barcelona, para presenciar el show del grupo catalán. Los organizadores, la plataforma Festival por la Cultura Segura aseguraron que es el concierto más grande que se ha hecho desde que comenzó la pandemia. Una prueba con una menor asistencia ya se había realizado en la ciudad a finales del año pasado.
Para poder acceder al evento, los asistentes tuvieron que hacer una reservación para hacerse una prueba rápida de COVID-19 el día del evento; hubo algunas personas que dieron positivo, pero fueron regresadas a sus casas —con rembolso incluido— para aislarse. En el interior del recinto era necesario usar cubrebocas; el público estuvo dividido en tres zonas con una capacidad de 1,600 cada una. De cualquier manera, no hubo restricción alguna para permanecer a cierta distancia de los demás. Aunado a ello, debido a la recolección de datos de quienes estuvieron presentes, los organizadores sabrán si alguien resulta contagiado en las próximas dos semanas.
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Hospitales del área y otros festivales, como Primavera Sound y Sónar, también tuvieron que ver en la organización.
Cabe destacar que los organizadores no consiguieron ganancia económica alguna, pero sí pudieron obtuvieron la información necesaria para preparar el regreso de los conciertos en aquel país.
Jordi Herreruela, director del Festival Cruïlla, comentó que los médicos que supervisaron la realización le dijeron que respirar el aire dentro del foro sería más seguro que el de la calle debido a la burbuja sanitaria que crearon durante este evento.

Foto: Pau Venteo/Europa Press

Foto: Ferrán Sendra/El Periódico
Fuente: El País
